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Vida Solidaria /6020

Bitácora desde Etiopía
Por Koldo Aldai del Equipo de Portal Dorado. Crónica escrita y gráfica

Queridos/as amigos/as:
Aquí van unas líneas aceleradas de lo que están siendo estos días en Adis Abeba. Los caminos de Dios son inescrutables. En verdad que no estaba en mis planes el echarme encima la capa de Papa Noël y encorbar mi espalda bajo el peso de caramelos y cuadernos. Hay que estar abiertos a todo, máximo cuando el camino lo iluminan tantas sonrisas de los que llaman los últimos.


Os comparto algunas de las notas que pude tomar estos días:

23-XII-08

Martes a la mañana en la T4 de Barajas. Los muñecos de peluche contenían la respiración amontonados dentro de las maletas.

Llevábamos Ana y yo más del doble del peso permitido. Intentamos negociar a la desesperada:
- Si nos dejan pasar estas maletas, podremos encender la sonrisa de decenas de niños.

El empleado de Egipt Air no estaba acostumbrado a este tipo de compromisos. Ante esa petición tan atípica el trabajador de la compañía aérea no se negó. Las maletas pasan y de madrugada llegan sucias y magulladas, pero con todos sus juguetes dentro.

Para entonces ya había pasado la escala de nervios y desorden en el Cairo. Aterrizamos de madrugada a Adis Abeba.

24-XII-08

En la casa de la Asociación Cielo en la que me alojo hay sesenta niños rescatados de la miseria y que nacen a una nueva vida. Hay desde bebés con apenas unas semanas hasta chavales/as de 11 años.

Ana me conduce a una sencilla habitación con armario y litera. Me levanto a media mañana. Nos comunican en la casa que Ana y servidor estamos invitad@s a la noche a una cena en la embajada de España en Adis Abeba. Salgo a comprar una chaqueta para la ocasión, pues no me esperaba este tipo de compromisos, no estaba preparado para la ocasión. La cena resulta agradable. Acuden la embajadora cubana, la de Portugal, el de Italia, México, representante de la embajada americana y representantes de diferentes ONGs y grandes organismos internacionales que operan en Etiopía: ACNUR, Rescue Internacional, Cruz Roja. La presencia de estos últimos rebaja un poco el protocolo, si bien la cena es de un lujo que nunca en mi
vida había disfrutado.

Conversaciones muy interesante, aún con todo lo que me pierdo con mi muy escaso inglés. Sortean personajes y lugares de acomodo y me toca el Rey Arturo, al lado de Ginebra una keniata con la que a duras penas me comunico.

Llego con mucha hambre y me he de olvidar de mi objeción a la carne y al pescado... Hago buen aprecio a los anfitriones y me como hasta el pavo con puré de patata que han preparado los de la embajada americana.

25-XII-08

Navidad sin villancicos, ni belenes, sin árboles iluminados. No es triste la Navidad a 20 grados. Lo que es triste es la miseria que asalta por doquier, las personas tiradas en las aceras, los niños abandonados y malviviendo en las calles.

La Navidad en Adis Abeba queda limitada a las gorras de llevan las limpiadoras de los centros comerciales y algunas luces adicionales escaparates adentro.

Hago un trabajo de grabar con video a cada uno de los bebés que van a ir pronto a España que me encarga Ana. Terminada está tarea me tienen reservada otra. Me han fichado de Papa Noël, no sólo para los niños de la casa, sino también para los de un escuela que ayuda la Asociación Cielo. A primera hora de la mañana nos disponemos a la difícil tarea de dar comprar un disfraz del afable abuelo por las calles de Adis Ababa.

Pateamos los centros comerciales y vamos dando con capa y gorro. La enfermera me prepara con el algodón del botiquín una tupida barba. La panza la logran unos cojines.

Creo que nunca tuve un peso más grato a mis espaldas que el saco lleno de los juguetes de los niños. Mi cuerpo se encorbaba con gozo bajo el peso de los coches, las muñecas, los cuadernos, los lápices.

Me encantó la experiencia de Papa Noël, la posibilidad de encender la sonrisa de tantos niños a la vez.

Tras la fiesta, Ana charla con unas niñas inquietas por su futura adopción. Trata de calmar su evidente impaciencia. Ana sabe que algunas de ellas no son fáciles de colocar, habida cuenta de su edad ya avanzada. Son calificadas de ¿alto riesgo? es decir alto riesgo de adaptación.

- Vuestros padres os aguardan en España. Pronto estaréis con ellos.

¿Pero que es España para una niña de 11 años que apenas conoce un orfanato y esta casa de acogida en los que ha encontrado refugio? ¿Cómo imaginará ese, ojalá, nuevo y lejano hogar? ¿Cómo pintará en su imaginación a sus padres? Los ojos esbozan un sentimiento de ansiedad, no exento de temor a lo desconocido.

Salgo a la calle a hacer recados: banco, papel higiénico, fruta. Disfruto parado en cualquier esquina, observando el flujo de la gente.

Observo enormes diferencias sociales. Algunos pocos y modernos edificios contrastan con mares de chabolas. Sospecho la necesidad de hacerse fuerte internamente para soportar los cuadros de miseria que aguardan en los próximos días. La zona en la que estoy, por mucha
miseria que albergue, no deja de ser una de las más privilegiadas de toda la ciudad.

26-XII-08

Papa Noël reparte hoy cuadernos y lápices en la escuela Lem Lem, a las afueras de Adis Abeba. Salto una valla de hojalata con una escalera rudimentaria de madera. Al otro lado de la escalera me aguardan los niños reunidos en el patio. Se quedan sorprendidos y muchos de ellos asustados.

Repartimos cuadernos y lápices. Disfruto en medio de toda esa jauría de niños felices. Cantamos y bailamos al ritmo de canciones etíopes. La escuela está junto al aeropuerto. Nos hacen un teatro con la representación conmovedora de la anunciación a la Virgen y el nacimiento del Niño Jesús.

Contínuamente pasan sobre nuestras cabezas aviones a baja altura. Los niños pobres de esa escuela de la periferia cogerán algún día esos aviones o únicamente los soportarán. ¿Se subirán al tren del futuro o se mantendrán postrados en el pasado, a la cola de todas las oportunidades?

A la tarde voy al hotel Sheraton. Atravieso la frontera un tanto vergonzante que separa en cuestión de metros el lujo de la miseria, las calles atestadas de polvo, mal olor y pobreza, de los más bellos jardines con sus fuentes. A la mañana compartiendo unas gratas horas en una escuela de paredes de hojalata, sin siquiera pupitres para todos y a las horas me encuentro rodeado del lujo más exquisito.

Este hotel de cinco estrellas y el Hilton son los únicos sitios donde dicen que funciona internet en toda la ciudad. ¿Cómo puede prosperar un país sin comunicaciones e Internet? Apenas
me quedo media hora, internet es muy caro y lento. Sí estoy largo tiempo escribiendo en los jardines, todo un oasis de paz y tranquilidad en medio de estos días ajetreados y de fuertes impresiones.

27-XII-08

Al día siguiente por la mañana la empleamos en llenar de nuevo la bolsa de Papa Noël. Compramos lápices, reglas, gomas, sacapuntas, amén de leche en polvo que le piden a Ana desde el orfanato del gobierno. A la tarde la experiencia en el hogar de la Madre Teresa de Calcuta resulta sin duda la más fuerte de todos estos días. El Papa Noël tiene que hacer un esfuerzo grande para soltar su atronadora carcajada en unos pabellones donde las hermanas han recogido los niños con taras físicas y mentales que nadie quiere. Intento no sin gran dificultad encender la sonrisa de niños con miradas perdidas, en medio de hedor insoportable.
Algunos responden, otros están absolutamente en otra esfera.

Cuánto horror en tan pocos metros cuadrados. Mi mano se posa cariñosa en esos cuerpos castigados. Tengo al final de la tarde los dedos negros, pero el corazón contento. No sé lo que ha conseguido aliviar Papa Noël, pero una bandada de chavales alegres seguía a ese barbudo encorbado a lo largo de los pabellones del sufrimiento.

Marchaba ya cuando los niños me agarraron y me empujaron al pabellón de las parturientas. El encuentro con los las madres con niños recién paridos es lo más estimulante de ese recorrido. Les transmito un ¿Merry Chrismas? con todo el amor que es capaz de comunicar mi corazón. Por esos instantes merecía la pena todo este viaje hasta Etiopía. Con una mano sostenían el niño mientras que le daban pecho y con la otra agitaban con entusiasmo su mano en señal de saludo...

Mañana iremos muy probablemente a un orfanato de niños con SIDA. Continúa el peregrinaje con el blanco y rojo por escuelas y orfanatos con los juguetes a la espalda. El cuerpo encorvado se llena de gozo.

28-XII-08

Cuarto día paseándome con la bolsa de regalos. En el día de hoy el destino es el orfanato que tienen los italianos a las afueras de Adis Abeba. Cuentan con magníficas instalaciones. Uno casi se emociona al ver un rincón de belleza, un jardín con unas flores en medio de una ciudad en la que predomina el gris y el asfalto. El lugar contrasta por su orden y limpieza con todo lo que hemos visto hasta el presente. Hay un pabellón con niños con VIH, a ellos también vamos con los caramelos.

Asistimos también en la iglesia a una ceremonia católica en la que la monja anima a cantar a todo un grupo grande de niños. Cantan con fuerza canciones en ameryco y en italiano. Pronto serán adoptados por familias italianas y por ello les inician en el idioma.

Hemos observado mucha tolerancia entre las religiones. Hoy es el día de San Gabriel, patrono de Etiopía. De todas partes salen mujeres con sus mejores galas, cubiertas hasta la frente con un velo blanco. Alegra ver esa pureza y dignidad con la que visten para la ocasión. Tras la visita al orfanato italiano nos acercamos a la celebración principal en la catedral. La Iglesia está en lo alto de una colina inundada de fieles. Para extrañeza de los asistentes nos metemos en medio de ese mar de gentes. No hay más blancos en medio de esa masa apretada de devotos. Vivimos la oportunidad de comulgar y compartir la fe profunda de este pueblo. La incomodidad surge cuando se nos acaban las monedas y no tenemos nada para dar a los niños y madres jóvenes con bebés a las espalda que se nos acercan.

Todo ha sido muy rápido y apenas cuento con tiempo para asimilarlo. Me impacta la miseria. En la medida que más nos movemos más me quedo afectado por lo que veo. Ampliamos nuestro radio de movimiento y sólo descubrimos más y más miseria. No hay un solo parque, no hay un jardín con el que alegrar los ojos y el alma.

Puedes recorrer kilómetros y kilómetros con ese paisanaje de chabolas de hojalata, coches y furgonetas destartaladas. Niños y mayores luchan por la supervivencia en un medio difícil. Muchos se pasan las horas muertas delante de una tela con cuatro verduras.

Lujo en las casas que nos invitan a comer y miseria al otro lado de sus paredes amuralladas y culminadas en alambradas.

Por la tarde nos invitan a una celebración judía, casi clandestina en un barrio a las afueras de Addis. Todavía no cogemos los taxis furgonetas colectivos que inundan las calles por la sola razón de que no sabemos a donde van. Sólo tienen nombre las calles principales. Para encontrar con una casa se guían por un punto de referencia. En los taxis y colectivos se ve la figura de Obama.

Se ve al próximo presidente de color en los teléfonos móviles, en las carteras. No sé si para ellos representa una esperanza de cambio, lo que sí se percibe es que lo viven como un orgullo, como una autoafirmación: ¡Uno de los nuestros puede llegar a la cumbre de los mandatarios planetarios. Nosotros también podemos!

Hemos participado de tres rituales diferentes a lo largo de toda la jornada. Hemos rezado al mismo Dios en compañía de diferentes comunidades religiosas. Hemos tenido la opción de hacernos uno con la fe profunda de estas gentes. No sabemos su idioma, no sabemos de sus ritos, pero nuestra intención se hace una con la de todos/as ellos/as.

29-XII-08

¿Qué podemos hacer en y por África? Es la pregunta que me golpea incesantemente por dentro. Tienen todos estos males endémicos de dejadez, desidia… solución. No podemos seguir cargando a la colonización europea de forma exclusiva los males de África. Observo en la calle esfuerzo denodado por sobrevivir, pero falta entusiasmo por vivir… La pobreza puede ser digna, sin embargo no percibo interés por dignificarla. La basura acumulada a la vera de las chabolas de hojalata que inundan toda la ciudad, dan penosa prueba de ello. La gente se puede pasar las horas muertas mirando, viendo pasar el tiempo, mientras que alrededor suyo se acumula la basura…

¿Cómo puede vivir largo tiempo el ser humano sin flores, ni árboles, ni jardines…? ¿Cómo sobrevivir sin esos ingredientes imprescindibles? ¿Qué espesa coraza van creando para poder seguir viviendo en medio de ese infierno? En Adis Abeba es el tránsito necesario para fortalecer la fe y la esperanza…

La última belleza en las calles de Adis Abeba se esconde en el rostro de las mujeres. No me refiero a las que optan por realzar sus formas, exhibicionismo al que no niego chispa, al que, faltaría más, no privo de derecho, sino a las que con recato pasean una dignidad y paz en medio del caos sorprendente. Me apuraría en decir que son conscientes de tanta lacra, pero sólo con su real presencia nos hablan de un nuevo día…

Llega la ansiada hora del descanso. Cuando se han callado todos los ruidos, cierro con gozo mis ojos de afuera y pongo los jardines, las fuentes… en mis paisajes de adentro, belleza y paz con las que aquí no doy por ningún lado. Mañana será otro día…

30-XII-08

Quizás era preciso venir hasta aquí para abrir un grifo y ver que no hay agua, para encender un interruptor y seguir a oscuras, para abrir el ordenador y no poder conectarte…, quizás era preciso venir hasta aquí para agradecer a Dios por todos los dones que un día sí y al otro también allí arriba disfrutamos.

Duele África, duele en lo más profundo de nuestras entrañas. Duele el abismo de los poderosos junto a los que nada tienen. Duele la esclavitud de hermanos nuestros/as que sirven con un día libre al mes de criados/as en los hogares más progres… Duelen las legiones de mujeres limpiando las avenidas sufriendo un ruido insoportable, una contaminación peligrosa. Duelen las legiones de mendigos exhibiendo cada cuál la tara más inimaginable. Duelen los niños sin padres, duelen los que los tienen pero no pueden ponerles ni mendrugo en la boca. Duele tanta carencia, tanto hambre… Duelen los océanos de chabolas, los mares de hojalata. Duele la indolencia, la aceptación de lo injustificable. Duele el hombre que me engaña y me lleva a un prostíbulo donde me aguardan tres infelices muchachas… ¿Cuál es la lección que tenían para revelarnos todos estos inframundos?

Indudablemente el servicio, pero además de ello quizás la gratitud inmensa de cuanto disfrutamos…

¿Qué podemos hacer por África? ¿Qué parte de todo este dolor nos corresponde? ¿De qué parte de todo este sufrimiento somos causantes?

Etiopía se precia de no haber sido colonizada. Ante tanto horror y miseria me atrevo a preguntarme si ello constituye o no una ventaja. Todo este dolor colectivo más allá de la derrota moral, nos debe alentar en la búsqueda de soluciones, siempre partiendo de los orígenes de las causas de todos estos males.

Tan ingente es la labor… Nosotros nos marcharemos y ellos/as se quedarán con las bombillas que no alumbran, con los grifos que no manan, con los ordenadores que no se conectan… Nosotros nos marcharemos y se quedarán a pie de tanta cruz los religiosos/as que hicieron del compromiso vida.

Ellos son la mejor noticia de toda esta geografía. Los busqué y los encontré con niños abandonados en los brazos y con una sonrisa irradiante en los labios… Sólo una fe inmensa permite afrontar situaciones tan límites, permite una entrega tan denodada, un darse tan por entero… El deseo de aventura, el ánimo puntual de servicio no se adhiere tan fácilmente a un compromiso firme y a largo plazo...

Mañana vamos para el Sur a visitar proyectos de cooperación. Dicen que hay montes, flores y árboles. Cuento las horas...

Adis Abeba, 7 de Enero de 2009, día de la Navidad ortodoxa

Allí también, lo pequeño es más hermoso. Tras estancia de once días en Adis Abeba, el 4 de Enero tomábamos rumbo al Sur en furgoneta. Alma y ojos reclamaban ya su indispensable cuota de verde, los pulmones de aire puro y limpio. Durante tres días recorrimos más de 700 kms. por la Etiopía profunda, muchos de esos kilómetros a través de pistas de tierras. Fuimos a la ciudad de Awasa y de allí por pista a Hosanna para volver a la capital del país. Visitamos en las afueras de estas dos ciudades diferentes proyectos de cooperación sobre los que habrá ocasión de extenderse.

A lo largo de todo el recorrido pudimos ver a la vera del camino miles de chabolas de barro y ramas. Observamos una pobreza digna. Me refiero a la dignidad que concede vivir en un entorno de belleza y armonía, dignidad de contar con espacios amplios alrededor de la chabolas para contemplar, para admirar, para sacarle a la tierra sustento. Nada que ver con las chiringuitos minúsculos e insalubres con paredes de bidones y techo de uralita, apiñadas unas junto a otras de la insaciable Adis Abeba. La dignidad puede ser simplemente despertarse en silencio, sentirse dueño de cada mañana, ganarse la vida apacentando unas cabras o cultivando la tierra…

Poco que ver con el “sálvese quien pueda” de la gran urbe… Cada chabola está asociada a su gran montaña amarilla en la que han apilado la cosecha de tez. Con ese cereal cocinan la “ingera”, el plato básico nacional, una base deamplia pizza agria sobre la que colocan bien legumbre y verduras, bien carne.

No deseo idealizar una vida de seguro dura en el campo, con unos precios de cereal, que me consta, los intermediarios tiran por los suelos. Lo que deseo es clamar contra la fatalidad de la gran urbe.

Las grandes ciudades no son para el ser humano que urge del contacto con la Tierra para su equilibrio físico y espiritual, pero ciudades de cinco millones de habitantes de caos, ruido y contaminación abrumantes como Adis Abeba son ya punto y aparte.

No deseo idealizar la vida familiar en las chabolas tradicionales. ¡Hasta qué extremos no habrán aguantado muchos/as antes de hacer un atillo con sus pocos enseres rumbo al asfalto! Pero sí deseo defender esa vida irremplazable en contacto con la Madre Tierra.

Es cierto que las escuelas están lejanas de sus chozas, que los niños han de afrontar cada mañana largos caminos hasta la pizarra, pero también es cierto que el propio camino es escuela irremplazable. Tan importante como lo que el/la maestro/a les colocará en esa pizarra, será lo que la naturaleza salvaje les coloque cada mañana ante sus ojos maravillados. El itinerario será el mismo, pero el aprendizaje con los pies en movimiento seguro que no.

El abastecimiento de agua tampoco es un tema menor. A veces son también muchos los kilómetros hasta este bien vital. Sin embargo quizás haya igualmente un aspecto positivo en las grandes reuniones de mujeres con sus bidones amarillos. El agua concita la vida, la comunicación, el intercambio. En un universo sin “Facebook”, la fuente es encuentro, es plaza. No quiero tampoco aquí idealizar la falta en el hogar de un bien básico, pero asegurado el suministro, el agua puede también cantar al final de un bello paseo matutino. Lo que ya no es justo es que quien agarre el gran bidón sea siempre ella. En las decenas de reuniones y colas que vimos ante el preciado líquido jamás distinguimos un solo hombre.

Uno de los objetivos del itinerario era visitar el hospital católico que dirige la admirable hermana franciscana, Isabel Arbide, de Oiartzun (Gipuzkoa) en Bushulo, junto al lago de Awasa. De nuevo la comparativa se tornaba inevitable. El hospital, que cuenta con importante apoyo de Cáritas de Gipuzkoa y Bizkaia, presta un enorme servicio en la zona.

Dispone de más de cien camas y varios equipos para asistencia en las aldeas y poblados. En el 2008 recientemente concluido asistieron un total de 1.278 partos. El hospital es a ras de tierra, sin pisos. Las diferentes secciones de dividen en módulos o barracones rodeados de árboles y vegetación. El enfermo en el hospital de Bushulo al otro lado de su ventana tiene la selva frondosa. Cuando coja fuerza y dé sus primeros pasos la podrá pasear e impregnarse de su vigor y maravilla.

Evidentemente las estancias son humildes, pero de limpieza exquisita y con el equipamiento imprescindible. Al otro lado de la comparativa, el macro hospital universitario en el corazón de Adis Abeba, que también habíamos visitado. Quisiera ahorrarme a mí mismo y al propio lector la descripción de un lugar que tan poco invita a recuperarse en salud. Una vez más lo grande y desmesurado, se manifiesta poco hermoso, poco práctico. A ello será preciso añadir hacinamiento y falta de medios. Dar a luz en la séptima planta de ese edificio gris, o hacerlo en una sala de partos que acoge una frondosidad exuberante, no tiene punto de comparación alguna. Lo pequeño, sencillo y natural se nos revela una vez más, no sólo más hermoso, sino también más eficaz y práctico.

A la vera del lago de Awasa atardecía en maravilla. Compartíamos espectáculo con monos y pelícanos. Cierto que la más maravillosa puesta de sol como las que hemos disfrutado junto ese ancho lago, o en el segundo día de la excursión, en medio de las también amplias planicies etíopes, no alimentan el estómago, pero recuerdan al ser humano su complicidad con toda la Vida. Esos atardeceres son necesarios para poder sentirnos servidores de un universo mágico y grandioso, para concebirnos partícipes de la Obra del Creador, para devolvernos esa dignidad fin y al cabo tan imprescindible como la propia “ingera de cada día”.




Exceso de equipaje
Madrid 13 de Enero


A la ida por sobrecarga de lápices, cuadernos y juguetes..., a la vuelta por sobrecarga de recuerdos. Me desembaracé de algunos de ellos y los volqué en la Red. Ahí algo de la crónica escrita e imágenes de este viaje a Etiopía recién culminado.

Me desnudé ya el Papa Noël. Vuelvo al teclado junto a la estufa de leña, mas algo se quedó en aquella tierra caliente, bajo un sol olvidadizo, bajo un astro que no penetra chozas y tugurios... No sé si volveré a calzar su tripa, su manto rojo, no sé si atronará su carcajada por los pasillos de grises hospitales, por los barracones de orfanatos olvidados..., pero me consta que en algún lugar mora un payaso capaz de burlar gruesas tragedias.

Vengo de despedir a Papa Noel. Resulta que iba dentro. No sabía que viajaba conmigo. Al comienzo no fue fácil sacarlo. De alguna forma había que explotar sonrisas y cogí una barba y un manto rojo y un saco donde metimos caramelos y esperanza a rayas y a cuadros, cuadernos de vivos colores, también reglas y lápices. A veces se atragantaba la carcajada, a veces tentativa de huida, pudor de llegarme con otra lengua, con otra cultura, con un personaje de grandes almacenes..., pero Papa Noël resultó la excusa más rápida y directa a la alegría compartida.

Vuelvo a escribir, pero delante del suspirado Mac, me entero tarde de que lo que quiero es seguir riendo con Marawi, con Betty, con Ruth... con todos es@s chaval@s que buena gente arrancó del oprobio y la miseria; lo que quiero es saltar y jugar hasta que llegue la “ingera" con picante salsa de lentejas... Vuelvo a la pantalla pero el niño asoma a la ventana y la plaza está desierta y los colegas a miles de kilómetros... Pésimo inglés por mi parte, falta de recursos para el divertimento, pero el gozo rayó momentos inolvidables. En la despedida los brazos se quedaron pequeños y en la llegada ahora el corazón encogido.

No se ahoguen las verdaderas lecciones en exceso de recuerdos. Hay quienes todo lo dan por esos niñ@s, que aún con todo, saltan y ríen y hay quienes todo lo siguen dando por l@s pequeñ@s que yacen ausentes, inmóviles en grandes cunas. Hay lecciones de entrega en medio de duros y hediondos pabellones que uno nunca puede olvidar. Las hermanas franciscanas, las misioneras de la caridad… escriben en Adis Abeba y en tantos otros rincones del mundo, desde el absoluto anonimato, los más excelsos testimonios.

Sobrecarga de recuerdos… No olvidaré ese paseo por las chozas de paja, por las cabañas de uralita, por las calles de bache y basura… No olvidaré a mis compañer@s de juego en plazas sin sombra, ni nombre. No olvidaré ese mantram-carcajada capaz de desafiar, siquiera por unos instantes, el feroz destino. No olvidaré esa humanidad morena, hermana, hija de nuestro mismo Dios, heredera, nadie lo dude, de Su misma Gloria.

Los viajes no sanan necesariamente adicciones. Dudé al retomar telediarios. Ahora ya sé que la Navidad no brilló en Tierra Santa: bombas y más bombas sobre Gaza. Traga la misma tierra aún más plomo, la misma gente aún más sufrimiento. ¿Para cuándo los payasos en ese escenario batido, en esas plazas desiertas? Cese la barbarie, calle la muerte, explote la vida por tanto tiempo allí acallada.





















Koldo Aldai
(Equipo de Portal Dorado)