Los «aureolados».

Porque se han convertido en hombres de Luz.

Los «aureolados».

Nosotros debemos recordar que los seres más altos de la humanidad, aquellos que han alcanzado su más alto desarrollo, los llamamos los santos o los «aureolados» porque se han convertido en hombres de Luz.

Cuando todos los seres humanos se encuentren en este estado de luz y cuando las sociedades, los pueblos han adquirido esta capacidad, sólo entonces tendremos una alta cultura. Desde este punto de vista, todo sobre la tierra: plantas, animales, humanos, no es más que luz transformada en manifestaciones infinitamente variadas. ¡En una palabra, todo será Luz!

Por lo que acabamos de exponer, está claro que la luz no es privada y no se trata sólo de vibraciones, como se suele decir, sino que contiene algo más. Desde un punto de vista puramente físico, definimos al hombre a partir de sus manifestaciones externas su forma y movimientos. Pero para que se mueva, debe haber experimentado alguna sensación; y, para que esto continúe, un pensamiento debe haber despertado en él; y para que este pensamiento nazca, es esencial que haya surgido una pequeña luz.

Así, cuando buscamos penetrar en el misterio de la creación, es en realidad el sublime principio de la vida lo que tenemos a la vista, ese principio del que emana la luz. Y la luz, por sí misma, ha producido todas las formas vivas en la naturaleza.

Cuando decimos que debemos ser portadores de nuevas ideas, de todo lo que es noble y alto, contribuyendo al avance de la familia en su trabajo preparatorio, la sociedad en su preocupación por la organización, la humanidad en su evolución, en la realización de sus ideales más elevados, no nos referimos a que debemos abrir pequeñas ventanas, sino grandes puertas y anchos ventanales a través de los cuales el conocimiento entrará abundantemente en nosotros. Esta luminosidad tan grande, es necesaria para que pueda florecer y dar los frutos, para la que la

vida superior puede ser expresada, para que los grandes personajes puedan aparecer en la tierra, y que el Amor, con sus formas infinitas, pueda vivir en la superconsciencia del hombre. Y con la luz de que este Amor es sostenido por la Sabiduría divina para que el alma sea iluminada por el resplandor de la Verdad y para que sus aspiraciones alcancen los límites asignados por la sublime justicia de Dios.

Por esto, las grandes aberturas de canales de Luz en nuestro ser todavía no son suficientes. Además, todos deberíamos estar hechos de un material transparente, del vidrio más fino, para que deje pasar la luz. Nos expresamos simbólicamente, pero debemos entender que la cabeza del hombre -su cráneo- es tan plástica, su cerebro tan receptivo, su corazón tan sensible, su voluntad tan activa que siempre pueden ser el eco fiel de lo que es noble y elevado en la vida.

Beinsa Douno.

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