De la crisis haremos una esperanza.

Otra mirada sobre la pandemia. Cada día una reflexión sobre la oportunidad que nos presenta la crisis

De la crisis haremos una esperanza.

20 de Mayo

Me he regalado el día entero en la montaña. No sé cuántos me obsequiaré antes de que comience “la nueva normalidad”. He estado feliz por ahí arriba. He meditado, contemplado, leído y amueblado un poco la cabeza. Ahora de vuelta para casa con las últimas luces del día, el íntimo gendarme se calzaba la botas, se me plantaba y preguntaba: “¿Cuántos días más así, de holganza…?” Creo que añadió lo de «tío vago…».

Con sumo respeto, le respondía al más que familiar gendarme que si quiero escribir hermoso, primero tengo que haber leído buena literatura. Si quiero hablar de Dios tendré que haber sentido Su Presencia incontestable e inolvidable en la cumbre de Su montaña. Si quiero contagiar armonía y paz deberé perderme una y otra vez en el hayedo, tal como hoy me ha ocurrido. Si quiero un cuerpo fuerte tengo que escalar riscos y remontar alturas, como hoy he tenido en suerte poder hacer.

No sé quién vencerá, si el gendarme o el peregrino libre, pero yo quisiera seguir cogiendo el bordón cada mañana y no volver hasta que el sol se agazape agotado tras el cresterío. Sí, hay mucha tarea para quién trata de dar sentido a su vida intentando ser útil a los demás, pero los pasos silenciosos, solitarios son imprescindibles si el servicio aspira a ser autentico y eficaz para el mundo.

15 de Mayo

¿MILAGROSA VACUNA?

La carrera está abierta, pero no sabemos dónde nos llevará. Laboratorios de todo el mundo corren desesperadamente tras esa vacuna milagrosa, pero el verdadero milagro consistiría quizás en detener nuestros pasos colectivos y pulsar un «pause» serio y responsable; sería empezar a tomar profunda conciencia de en qué hemos errado.

La solución final a la pandemia planetaria no puede ser el pincho en vena. Ha de tener más que ver con mirarnos a nosotros mismos, sincerarnos y observar de qué forma hemos conculcado las Leyes Naturales. Tiene que ver más con la exploración de una nueva vida en armonía con los Reinos animal, vegetal, mineral, por supuesto humano que nos rodean. Necesitamos que alguien nos hable de unos temores que minan salud, paz y mañana, que algún “influencer” glose la “vacuna” gratuita y sin ningún efecto secundario que representa el contacto con el sol, el agua y el aire, sugiera unos hábitos naturales que nos cargan de defensas.

No cuestionaremos que el maletín con la nueva vacuna contra el coronavirus llegue a la Residencia de ancianos, pero no perdamos la oportunidad que el tan denostado y ya acorralado bichito nos ha traído para cuestionar una civilización que destruye la Madre Naturaleza. El parche, la vacuna, nos puede confundir; nos puede dar a entender que representa la solución definitiva y así dar más cuerda a un modelo sin futuro alguno. Nos puede engañar haciéndonos olvidar la raíz del problema. Las soluciones fáciles raramente son las definitivas. Demasiado a menudo el milagro elude responsabilidades.  A la ciencia tampoco se la puede dejar sola en el reto de superación de la pandemia. Ha de ir de la mano de la ética planetaria. 

La palabra vacuna debiera ser despojada de su hálito divino, no debiera tener ninguna connotación mágica. No puede ser freno a la revolución verde y solidara pendiente, refugio de nuestros errores, excusa para eludir las grandes transformaciones que hemos de llevar a cabo. El antídoto sólo no basta. Es preciso remontar al mundo de las causas. Depositar toda la esperanza en la tentadora vacuna es engañarnos a nosotros/as mismos/as, pues de esa forma eludiremos reparar en el verdadero origen de la crisis: las enfermedades infecciosas se multiplican con la destrucción de la Naturaleza.

No somos radicales anti toda vacuna, somos firmes anti-amnesia que no queremos olvidar cómo empezó todo esto. No podemos huir de apaño en apaño, eludiendo las grandes cuestiones que va generando nuestro paradigma insostenible, en demasiada medida individualista, materialista y depredador de la Vida y sus Reinos. Una civilización que va despistada de pincho en pincho, de parche en parche no dará con su anhelada salud, merecido bienestar y definitiva armonía; no encontrará su superior destino.

14 de Mayo

Más importante que superar la pandemia es superar el paradigma de la confrontación, superar nuestra inercia combativa. El primero puede ser el reto de nuestra generación, el segundo es el reto de toda nuestra historia humana; es el gran Rubicón al que nos conducen todas nuestras existencias pasadas. Con el brotar de nuestra naturaleza generosa y compasiva para para con nuestros congéneres humanos, para con el resto de los Reinos, poco habremos de temer.


Es cierto que las autoridades están dando muchos palos de ciego, tan cierto como que lo están haciendo lo mejor que saben y pueden, tanto como que todo esto les ha caído muy grande y están limitados en conocimientos, recursos y conciencia. Lo estamos todos. Por mucho que yerren los mandatarios hemos de sacarlos de nuestra diana obsesiva, hemos de desistir en tumbarlos.


La nueva era representa por encima de todo la superación del modelo humano que ha regido hasta el presente de división y conflicto permanente de todo género. El Covid 19 no puede ser el enésimo motivo que nos lanza a pelearnos entre nosotros/as, ha de servir, tal como en gran medida ya lo está siendo, para reforzar el sentido de comunión humana y de responsabilidad planetaria.


Me lo he de recordar a mí mismo constantemente, porque yo soy el primero en caer en la eterna y engañosa película de buenos y malos… Claro que tenemos un «Plan B», claro que creemos en un nuevo mundo inspirado en superiores valores, basado en el respeto reverente a todo cuanto late, auspiciado por los principios superiores de compartir y cooperar…, pero el «Plan B» sólo avanzará con la fuerza de nuestra compasión y creatividad, buscando siempre la oportunidad de abrirse amablemente paso. Claro que tenemos «Plan B» al actual empeño de superación de la pandemia, con medio más naturales, con una cultura más preventiva, más basada en el fortalecimiento de las defensas y el sistema inmunológico, pero nuestro Plan no nos impida ver la buena voluntad que otros ponen en la aplicación del suyo.


El Alba, que inspira cada uno de nuestros días, emergerá sin necesidad de tumbar a nadie. El Alba surgirá por el apremio de lo nuevo, cuando al viejo mundo le restemos nuestra energía y al nuevo nuestro temores y miedos.

9 de Mayo.

Sí a la incómoda mascarilla, sí al difícil metro de distancia, si al frecuente lavado de manos…, pero sobre todo sí a la unión con los Reinos de la Vida. Todo apunta a que el coronavirus nos llega porque nos falta reverencia, conciencia de la sacralidad de cuanto palpita, de la divinidad que habita en cuanto es. Nos falta caer de hinojos ante el milagro de la Creación. Parece que la pandemia nos alcanza porque hemos destruido la Naturaleza que los devas y espíritus elementales han construido en alarde de rendición y entrega absoluta.

Dos fueron los sabios que nos revelaron a la humanidad las huestes angélicas, las “manos de Dios”, el mundo dévico, hacedor y mantenedor de todas las formas en las diferentes dimensiones y que hasta nuestros días ha permanecido oculto: el catalán Vicente Beltrán Anglada y el neozelandés Geoffrey Hodson.

Hodson escribió su obra “El Reino de los Dioses” a propósito de los ángeles justo en los días en que caían las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Justo cuando se produjo la mayor destrucción de todos los tiempos, se daba a conocer el milagro de la Creación, se revelaba a la humanidad la infinita deuda para con la invisible fraternidad angélica que todo lo ha hecho. Sólo buscan cooperar en el desarrollo del Plan Divino, sólo buscan como nosotros/as la unión con Dios. Sólo nos resta consumar el abrazo con ese Reino paralelo al que todo debemos.

He aquí los que nos revela el teósofo en boca de un ángel sobre su propia raza, los incondicionales servidores del Misterio y la necesidad de acercamiento con los humanos «Es esencial creer en nuestra existencia… Ha de darse a conocer la presencia de nuestras huestes invisibles… Es importante el incremento de seres humanos capaces de ponerse en contacto con nosotros. El método más fácil para ello es el amor a la naturaleza. Quienes deseen encontrarnos tendrán que aprender a intimar mucho más que lo que habitúa la humanidad en su conjunto. Además de una captación más honda de la hermosura de la naturaleza deberá evidenciarse esa reverencia hacia todas las formas y modalidades, hacia la totalidad de sus múltiples manifestaciones. …

Habréis de vivir un sentimiento vivo de unidad con la naturaleza hasta que puedas descubrirte en cada árbol, en cada flor, en cada hierba, en cada nube que pasa y comprender que las múltiples diversidades que constituyen un valle, un jardín o un vasto paisaje montañés, marino o celeste son tan sólo manifestaciones del Yo Único que mora en ti… Una vez conseguida esa comprensión estarás en el umbral de nuestro mundo, habrás aprendido a ver con nuestros ojos, a conocer con nuestras mentes, a sentir con nuestros corazones…»

5 de Mayo. Coto al telediario

Siempre fuimos partidarios de mantener el hilo de comunicación con el mundo. Para ser uno con la humanidad es preciso saber de sus avatares. Siempre defendimos unas dosis, siquiera homeopática, de noticias de buen origen. Nunca pregonamos ventanas cerradas a la realidad, tan a menudo lacerante, que viven nuestros hermanos. La iluminación de “tatami” de espaldas al sufrimiento del mundo no es lo que las Grandes Almas precisamente nos sugieren. El incienso necesita de los humos, el Cielo de la Tierra y la Vertical ser atravesada por la horizontalidad.

No necesitamos saber de los «ERTES» por provincia, de la desescalada al milímetro y la «Bolsa» de la especulación un día se deberá desplomar para no alzarse nunca jamás. De todo el ruido de estos días nos podemos quedar con lo esencial. Tenemos superior venia. El telediario y su luto implacable puede poner en peligro logros internos. Diríamos que basta con la primera ráfaga de noticias, quizás también con los finales que nos hablan de aplausos en balcones, de gestos solidarios, de alardes de valentía en favor del prójimo… No tenemos que seguir las cifras de los muertos, los parados, la caída pormenorizada de la economía, las interminables crónicas de la “mayor crisis de los últimos tiempos…” A fuerza de tanta noticia aplastante podemos llegar a pensar que ya no estamos en las manos de Dios. Paradojas de la vida, seguramente no hemos estado nunca tan en Sus Manos, pues es ahora cuando nos quiere fuertes, empoderados/as, libres de miedos, solidarios…

Sí, las cosas han mutado mucho en los últimos días. De las noticias nos quedamos con lo suficiente y así no meter la pata y vestir chándal y calzar tenis en la hora debida. Del telediario lo imprescindible para saber que es el tiempo en el que debíamos mostrar lo mejor de nosotros mismos. Es la hora de alimentar el alma con buena lectura, exquisita música, bellos silencios, comunicaciones auténticas… Es la hora de no distraer nuestra atención con los voceros del desastre, pues bien sabemos para estas alturas, que ni siquiera es calamidad perder nuestro cuerpo, que el «bichito» lo derribe y no se levante. El único desastre sería malgastar esta bendita oportunidad, por nombre encarnación, y no progresar en conciencia, responsabilidad planetaria y hermandad humana.

2 de Mayo

El camino espiritual arranca asumiendo nuestras propias responsabilidades y no volcando en otros las responsabilidades que nos corresponden. Si algo nos ha revelado la crisis del COVI 19 es que este paradigma individualista, materalista y agresivo con la Tierra ha caducado. Hemos errado en cuanto a civilización, porque nos hemos alejado de la Madre Naturaleza, sus pautas, sus ritmos, sus Leyes.

El Camino no es la trinchera. Ya hemos permanecido en ella demasiado tiempo. El Camino no es volcar la responsabilidad exclusiva a las autoridades. “Como es arriba es abajo”. Las autoridades somos nosotros y viceversa. Lo que es preciso es una catarsis colectiva que nos haga retornar a la senda de la armonía con cuanto nos rodea; es darnos cuenta de que erramos, fallamos en primera persona del plural. No sólo yerran ellos. De cualquier forma a quienes persisten en el yerro y la ignorancia, sólo los ganaremos para la causa de la evolución, para el progreso del Plan con la fuerza de nuestro corazón, nunca de nuestra ira.

Estamos en un momento definitivo, en un parteaguas crucial. Es la hora de la auténtica donación, es la hora del compromiso primero íntimo, personal que tornará más pronto que tarde en compromiso colectivo, que sentará las bases de un futuro sostenible o lo que es exactamente lo mismo, acorde a la Ley del Amor y la Solidaridad Universal, la Ley Superior o Divina. Sólo así tras esa asunción colectiva de responsabilidades podremos superar ésta y posteriores crisis y juntos y juntas construir la nueva civilización fraterna, solidaria y en plena comunión con la Naturaleza, nuestra Madre. Feliz estreno de libertad, feliz paseo. Fuerte abrazo.

24 de Abril. Salvador Illa

Soporta con sencillez y suma paz un peso enorme y ello ya acredita simpatía. De forma puntual se presenta todos los días serio y preocupado, pero igualmente firme y ejecutivo en nuestros hogares desde hace ya casi dos meses. Este señor trae siempre los deberes hechos y está cumpliendo lo mejor que puede, lo cuál no implica que estemos de acuerdo con él y su gobierno en cuanto deciden. La concordia humana no consiste en estar de acuerdo, sino en reconocer la nobleza que habita en todo ser y la buena voluntad a la que ésta le impele.

Este señor se levanta todos los días con una responsabilidad ímproba y no dudo que en su cabeza sólo hay un objetivo: hacer el mayor bien al mayor número de personas, procurar que la pandemia no se extienda y la ciudadanía no se contagie. Eso ya merece nuestro halago. Además lo hace bien, se explica adecuadamente, pone alma y didáctica en cada una de sus palabras; pero es que tampoco se ha inmutado cuando la oposición conservadora le ha lanzado sus más infundados, malintencionados y letales dardos. El ministro de Sanidad sólo cura, ni siquiera se defiende. El cargo y las circunstancias parecen otorgarle una suerte de eficaz vacuna.

Este señor me ha enseñado que la relación humana no consiste en estar de acuerdo, sino en cuidarnos y respetarnos los unos a los otros. Yo no vestiría esa corbata de perenne luto, pero es su traje. Yo abriría los anchos parques y playas, repartiría MMS en todas las esquinas, hablaría de lo que es el sistema inmune, de la necesidad de fortalecerlo. Yo no lanzaría a la policía en la persecución de todo lo que se mueve. Yo ahuyentaría el miedo a la llamada muerte… , pero ni soy ministro, ni me han elegido los españoles para el cargo, luego apoyo a este señor que se encuentra en una situación tremendamente difícil y se está entregando por entero. Lo apoyo humanamente, que creo que es más importante que el sustento en las ideas.

Las ideas mutan, las de ellos y las nuestras, pero hay algo que no debe mutar y es nuestro sentido de humanidad, de aceptación y respeto por el otro, máxime si delante de ese atril lo han apostado unas democráticas urnas.

Resurección 12 de Abril

Si viviéramos en la confianza de la Resurrección esta crisis no sería tal. Todo descansa en nuestra forma de mirar. ¿Por qué no empezar a considerar almas liberadas a las que detienen el corazón, a las que exhalan su último aliento físico?

Siempre obrar en favor de la vida física, siempre procurar en favor de la defensa del latido, ¿pero si tomadas todas las medidas, apurados todos los recursos, comenzáramos a ver las UCIs, las Residencias de Mayores como trampolines a la Verdadera Vida? Llegará un día en que las estadísticas tras el paso de peligrosos virus se harán en clave de resurrección, de renacimiento a la verdadera Vida.

Nos duelen las estadísticas de la crisis, porque aún no levantamos la copa el domingo de la Resurrección. Nos falta el recuerdo de la Vida Verdadera y así secar la lágrima y así quitar a la muerte su aguijón, a los ataúdes que se prodigan en estos días su victoria.

Nadie marcha si no es de acuerdo al contrato previamente establecido. Vamos a resucitar de nuevo a la Verdadera Vida, a la Hermandad sin tiempo, a la Naturaleza Pura, al Reino sin ocaso. Vamos a resucitar de nuevo para que la pandemia deje de ser aquel mal sueño de vacilante primavera.

Los tiempos de necesidad tiran hasta de las más ineptas plumas. Somos torpes cronistas de cuanto a acontece en la Otra Orilla. Las letras no son testimonio de primera mano, sino más bien de consulta de manual, y sin embargo no dejamos de evocar lo que se oculta a los ojos de carne. Algo nos pone al teclado, aún a riesgo de no acertar con la justa palabra. El Cielo, nos perdone. Más pronto que tarde seamos dignos de ser iniciados en la Mirada Verdadera.

8 de Abril

Inmensa deuda

Son los que atravesaron el largo desierto del franquismo con la sonrisa en los labios; los que en las noches de calma tras la refriega osaron sentarnos en el sillón y hablarnos de perdón y reconciliación. Son los que nos abrieron las puertas de casa cuando veníamos de volcar los coches y el sistema; los que nos llenaron el bolsillo cuando salíamos a la más que incierta aventura; los que visitaron con inocentes pastas de té las “comunas” en las que deambulábamos desnudos.

Son los que jamás nos cerraron las puertas; los que, con nuestras manos manchadas, siempre abrazaron. Son los que nos dieron vida, pero sobre todo Norte; los que sostuvieron valores cuando todo se puso en saldo, cuando las rebajas se volvieron escándalo…

Ni siquiera nos han permitido comenzar a abonar la deuda. Han cumplido sobradamente su misión. Las Residencias se están vaciando, nos están dejando. No son los niños de la guerra, son los artífices de la noble y verdadera revolución del silencio.

Son los abuelos que se entregaron en cuerpo y alma; los y las que lo dieron todo por lo que ahora somos y gozamos. Parten ahora cuando por fin reparamos en la terrible deuda que hemos contraído. Muchos amigos ni siquiera les pueden decir adiós. Otros vestidos de astronautas y con mampara de por medio, trataron de recordarles algo todo esto… ¡¡Gloria!!

4 de Abril

“Quiero que no me abandones, amor mío al alba…” Decía el noble bardo que ahora rasga guitarra desde otras alturas, ahora canta a un amanecer sin heladas. Nadie abandone a nadie. Vinimos a la tierra sólo para aprender a no abandonar nadie a su suerte, ya sea al alba, ya al caer la tarde.

En realidad, nadie está abandonado. La soledad y la muerte son las quimeras que iremos restando de nuestros vocabularios del mañana. Ni siquiera quienes se preparan para el último aliento en la aparente soledad de una UVI u hospital de campaña están solos/as. Ni siquiera en la compañía del dolor o la enfermedad en nuestras estancias blindadas y separadas estamos solos.

Nadie está solo. La humanidad nunca ha estado sola. Ésa es quizás la esencia de nuestros susurro, de nuestro canto sin pena, ni guitarra. La humanidad siempre es superiormente asistida, incluso cuando el virus campa a sus anchas y las estadísticas de la llamada muerte se disparan. La humanidad no está sola en medio de las más encarnizadas y globales epidemias.

Grandes Seres han custodiado siempre la humanidad y la seguirán custodiando hasta que todos abandonemos la condición humana. Hay Plan Superior, hay Quienes conocen y sirven ese Plan Divino y hay un modo de ayudar a esas Grandes Almas: nacer a nuestra conciencia planetaria, a nuestra vocación de servicio.

3 de Abril

Desde la meseta

Estamos llegando a la ansiada meseta. La luz es más clara. La hemos alcanzado no sin sacrificio y padecimiento colectivos, pero los fríos, duros y largos números ya están despertando otro sentir, acuñando otra mirada. La meseta nos invita a balance. No nos colocamos lentes de rosa, sólo subrayamos lo que va abriendo futuros.

Se afianzarán los lazos de cooperación que ya se han establecido. Cambiaremos la cesta por el carro. Las necesidades ajenas se escribirán con el mismo color en nuestras viejas libretas de bolsillo. Estamos aprendiendo a hacer colectivamente la lista de la compra. Nuestros planes, sueños y aspiraciones serán más en común a partir de ahora. El de enfrente dejará de ser un número y una letra. Tendrá rostro, nombre, historia, sobre todo condición humana. Nos acostumbraremos a las sorpresas al abrir la puerta de la escalera. Nosotros también seremos grata sorpresa, detalle y apoyo para quien desconocíamos a nuestro lado.

Conjugaremos los verbos en plural. Contaremos con el otro/a, nos organizaremos de forma diferente. La unidad y la solidaridad dejarán de ser “spots” publicitarios. Los vecinos no hablarán de la lluvia y el tiempo en los ascensores de las casas, se interesarán por las vidas y azares ajenos. Los conciertos y recitales no se encerrarán sólo en las salas privilegiadas, se instalarán también en lo público. Lo natural dejará de ser lo excepcional, la chaladura del «hierbas» de la escalera. Lo ecológico ganará muchos metros cuadrados en las grandes y pequeñas superficies. A la par nosotros ganaremos en inmunidad y fortaleza.

Desde la panorámica privilegiada que nos regala la altura de la meseta ya podemos decir que nada será como antes. Repararemos más en lo sereno, templado y auténtico. Retumbarán los “OMs” y los cantos de esperanza en las paredes de los hospitales. La muerte dejará ser nuestra más acérrima enemiga y tornará la “colega” que nos lleva de excursión por las verdes y soleadas vaguadas de la vida eterna. Nadie osará pasear luto. El sepulcro se quedará sin victoria y Omega correrá rauda de nuevo a la casilla de salida.

Desnudos de mascarillas, pisaremos las templadas arenas como quien asalta remotos paraísos. Para entonces habremos memorizado todas las tablas de ejercicios. Lo que nos hace bien habrá anclado dentro. Haremos «tai-chi» en las playas sin necesidad de «play» en ninguna pantalla. Abrazaremos con más fuerza, lloraremos con más alma, rezaremos con más presencia. Desde la meseta reparamos en que la civilización ha virado en positivo en cuestión de un mes y ya no deseamos volver al punto de partida. El virus de las mil antenas se ha llevado a abuelos entrañables que ahora se alimentan de luz y respiran sin tubos, pero nos ha regalado lecciones que felizmente se han quedado para siempre.

30 de Marzo

Puede ser a causa de éste u otro virus con menos antenas; puede ser por ésta o por otra enfermedad siempre amiga. Puede ser sencillamente porque el contrato expiró y había nostalgia de Luz… Un día todos/as nos desnudaremos de carne, dejaremos gastado y ya amortizado cuerpo. Cuando despidamos al barquero, en la otra Orilla podamos a la pregunta decir que nos hallamos entre quienes infundieron fe, templanza y seguridad, entre quienes asumimos la responsabilidad y no la arrojamos fuera. Podamos decir que la tristeza huyó sin presa, que el desespero desesperó de no abrazarnos.

Podamos decir que en medio de las crisis y convulsiones sociales, no anidó el lamento, no nos ganó el temor, no bajamos la mirada; que mantuvimos el anhelo en lo alto y lejano, siempre en la eternidad, que es otra forma de evocar la fraternidad. Podamos decir que ninguno de estos sinsabores fue en balde, que éste y otros desafíos nos acercaron un poco más a la meta última de la íntima y a la vez colectiva realización.

25 de Marzo

No sólo lo que muere, lo que deja el cuerpo, sino lo que nace a una nueva vida. No sólo lo que ya no seremos, sino lo que somos llamados a Ser. No sólo lo que marcha, sino también lo que nos alcanza, “no sólo lo que perdemos, sino también lo que ganamos”. (Dtor. Jorge Carvajal) Por cada uno que acumula, hay muchos más que reparten; por cada signo insolidario hay muchos más de manos y corazones abiertos…

Por cada armario desbordado de papel higiénico, hay muchos que tratamos de hacer limpia e higiene por dentro. Hay una fractura con el ayer que no nos duele desde el momento en que seremos menos “yo” y más “nosotros”, en que estamos ganando en fuerza colectiva para atender unidos/as a los otros grandes retos que como humanidad tenemos por delante. No sólo el credo que dejamos, sino el nuevo que abrazamos, no sólo el mundo que se aleja, sino por encima de todo la conciencia que despierta.

Tabiques de por medio, estamos aprendiendo a darnos mutuamente más que nunca y ya no deseamos salir de ese mullido y cálido espacio compartido.

24 de Marzo

Un nuevo tiempo reclama resignificar nuestro vocabulario, dotar de un nuevo y a menudo emancipador contenido a muchas palabras que han envejecido a marchas forzadas. Lo decimos con inmenso respeto por el sufrimiento concitado en estos de estos días: ¿y si en vez de fallecidos comenzamos a hablar de liberados, emancipados del peso de la carne, del lastre de lo finito…?

Los números no nos apabullen. Se nos demanda otra mirada. Hemos de empezar a ver las frías cifras de los llamados muertos con otros ojos. Están con nosotros, sólo se desnudaron de cuerpo físico, no han muerto. ¿Por qué no empezar a pensar que son almas que por fin se han podido liberar de este “confinamiento” en el mundo denso de la materia?


Son rápidos estos tiempos. Apenas interiorizamos unas verdades supremas, apenas cogemos con chinchetas unos cuadros, unas realidades eternas y ya nos toca correr al teclado. Corremos el grave riesgo de equivocarnos, de no acercar debidamente esas verdades, pero corremos un riesgo aún mayor de quedarnos en silencio.


Uno se pregunta si no habrá otros voceros de vida eterna, antes que éste que acaba de venir del mercado, de vender caros los manuales de agnosticismo.

23 de Marzo

Morir en soledad es seguramente el aspecto más duro de toda esta crisis que estamos viviendo. Por justificadas razones de seguridad, en la rampa del vuelo los hermanos enfermos no pueden intercambiar una palabra, una caricia, un apretón de manos con los seres queridos. Pero morir en soledad es también una oportunidad de reencuentro con el alma, ya olvidada, ya arrinconada, ya no decidida hasta entonces a aflorar. Todo acontecer vital, por duro que se manifieste, es susceptible de otra lectura. En ello habremos de afanarnos.

Los designios para posibilitar el encuentro con el alma son inescrutables. Una UCI cargada de fríos aparatos puede ser el marco escogido para los esponsales. Morir en soledad nos recoge, nos centra, no desnuda de todo lo accesorio y nos planta ante nosotros/as mismos/as, ante nuestra Real Presencia. Hemos venido a la Tierra a reencontrarnos con nuestra alma que es por encima de todo generosidad, servicio, altruismo… No es un «agarrarse a algo» desesperadamente, es sencillamente permitir aflorar Aquello que en verdad somos.

22 de Marzo

Se acomodarán los santos y las Vírgenes en las mesillas de frío metal. Irán llegando las flores y los osos de peluche. Por ahora una cama austera, una botella de aire, un inmenso techo industrial y una esperanza de salir de ahí caminando. Hay un crudo pulso por la vida al que es preciso adherirse. La batalla es sincera, de corazón, entregada y sólo nos queda apoyar a quienes están en primera línea.

En los tiempos de crisis es más importante si cabe el sentido de la ubicuidad y ahora toca sumar. Hubiéramos querido que se pensara no sólo en el ataque, que se diera más importancia a la necesidad de vida sana y natural para fortalecer las defensas. Hubiéramos preferido menos temor insuflado, menos pánico a una muerte que no es nuestra enemiga, sino todo lo contrario. Al fin y al cabo hasta las pulsaciones de nuestro corazón estaban contadas…, pero ahora es el momento de ayudar, de colaborar, de fortalecer la unidad y la solidaridad. Ya habrá oportunidad para invitar echar más lejos la mirada.

Lo están haciendo lo mejor que pueden, por supuesto los sanitarios y todos los trabajadores de los hospitales; por supuesto las fuerzas de seguridad; por supuesto la clase política, Pedro Sánchez a la cabeza…, y ahora es el momento de mostrar decidido apoyo. Hay un paradigma alternativo, también en la salud, que seguiremos susurrando, pero ese susurro no ha de impedir el manifestarnos aquí y ahora unidos/as a toda la ciudadanía en estos momentos tan trascendentales. Hay también una fraternidad ancha que necesitaba razón para consagrarse.

«¡Tutto andare bene!»

21 de Marzo

Han cambiado mucho los tiempos, pero más nuestra conciencia. Yo tampoco era de los de abrazo fácil para con el uniformado, tantas veces tropezamos, y ahora sin embargo lo estrecho también fuerte junto a mi pecho. El desarrollo de la conciencia se evidencia en la necesidad de ensanchar el abrazo.

Jamás en nuestra vida habíamos visto nada semejante. El coronavirus galopa, pero el virus más peligroso de la separatividad ha sido herido de muerte. El dolor está ya trayendo su debida recompensa en forma de más solidaridad y unión. La armonía y la cordialidad se expanden, la convivencia mejora, se supera.

Arranca la guerra contra la pandemia, pero finaliza esa otra guerra más larga que nos mantuvo separados. Es verdad que está muriendo mucha gente por causa del coronavirus, pero también, a causa de esta crisis, están ocurriendo milagros que antes jamás hubiéramos concebido. Hay abismos que se están deshaciendo. Hay que haber vivido en el País Vasco en las últimas décadas para constatar el milagro que, sola de por sí, representa esta imagen. No tengan que caer más agentes para volver a verla.


20 de Marzo

Una furgoneta familiar anuncia pan caliente por las calles de una aldea tranquila; una primavera silenciosa se da a conocer alrededor de nuestro caserío con bocina mucho más discreta. El pájaro no necesita claxon para compartirnos que construye feliz nueva morada. Las nubes no dejan de bailar al son de un viento ya templado. La vida no se ha detenido, sólo un breve paréntesis para permitirnos a nosotros y nosotras sumar los mejores materiales para el ancho nido planetario, construir nueva y más solidaria Tierra, encarnar olvidada esperanza y poderosa primavera. 


Los mutuos y elogiosos aplausos no se detengan. El miramiento por el otro se perpetúe. “En su día no reuní valor suficiente para marchar a África y ahora África ha venido a mí…”, nos comparte, igual de feliz que el pájaro, una valiente y entregada enfermera amiga. En realidad, África nos ha llegado a todos y, como decía el lehendakari, éste es el momento en que podemos dar lo mejor de nosotros mismos. Éste es el momento de la entrega grande y sincera que siempre habíamos aguardado y que ahora de repente, con estos pelos cargados de canas, con este apego de mullida butaca, se nos brinda…

19 de Marzo

Ahora que marcha ese amago de invierno, el mayor problema sería que el corazón unido se enfriara, que ya no hiciéramos sabroso bizcocho para toda la escalera, que dejáramos de cantar poderosas «arias» en los balcones de unas ciudades sin «Covi 19». El único error sería que el vecino volviera a ser extraño, que todo de nuevo como en el pasado, antes que ese coronavirus omnipresente irrumpiera en nuestras vidas y vocabulario.

Ojalá toda esta crisis represente un parteaguas. Se impone el «antes y después», la fractura con todo lo caduco o lo que es lo mismo lo antiguo, lo separado, lo insolidario. El gran fallo sería que el desafío del virus no revirtiera en positivo. El mayúsculo error sería no aprovechar esta preciosa crisis para dar un gran salto en nuestra conciencia colectiva. El final fatal sería que a la postre nada hubiera cambiado; que una vez el virus controlado (nos cuesta utilizar la palabra vencido para un ser vivo), las distancias no cayeran; que después de haber vivido la lúgubre separación, los más sólidos tabiques no se desplomaran; que las fronteras de todo orden no desaparecieran. El virus ha hecho que aflorara la inconsciencia de haber permanecido tanto tiempo separados, ha evidenciado cuánto nos necesitamos los unos a los otros.

El precio pagado no sea en balde. “Volveremos a juntarnos…”, “Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo…” “Ya no habrá una distancia…”, no sean sólo frases bonitas que saltan raudas de móvil en móvil. Podamos hacer todo ello realidad. Que no sean sólo canciones que casi automáticamente nos aprestamos a compartir con nuestros contactos y grupos de whasap. Podamos encarnar lo que a toda velocidad tecleamos.

Nada nos ha unido como este bichito que en realidad no era “chino”. Le hemos mirado a los ojos y no los tiene rasgados, como proclama Trump. Se ha hecho presente por doquier, porque no había otra forma de relegar esa otra pandemia mucho más peligrosa y letal de la separatividad.

¡El Amor, Origen de cuanto late, nos mantenga, más allá de esta crisis, por siempre unidos/as!

17 de Marzo

Benditos/as quienes vuelan con misión cumplida, más allá de todo tabique y terrenales cuarentenas. En medio de los papeles que regalo a la hoguera aparecen las letras de cariño joven, la mirada sepultada, la carta de tu padre que te arranca la lágrima…

Un fuego feliz, a veces entusiasmado devora ya tanto que no servía. ¿Qué hacían en mis cajones las ofertas telefónicas de hace diez años, las garantías de aparatos que se quemaron o los apuntes de bancos a los que nunca volveré…? Agradezco a este virus que se ha demostrado el único capaz de poner un poco de orden en mis papeles y en mi vida. Los anteriores esfuerzos fracasaron… Un poco de orden en nuestras vidas nos permite hallar los contados recuerdos, las fotos gastadas, los poemas aún frescos… llamados a perdurar y envejecer contigo.

Aún es el caos absoluto, pero pronto comienza la nueva y ordenada vida, con las facturas quemadas y los versos recuperados. Cuando pones un poco de orden y armonía alrededor no imaginas como podías vivir sin ellos. El virus sigue pujando fuerte por nuestro colectivo amanecer…

15 de Marzo

Nos alegramos de poder hoy rectificar. Resulta que tenían razón los que decían que éramos una gran nación. Les damos con gusto todo el crédito. Nos devuelven la fe unos responsables públicos mirando de frente, hablando desde adentro, un personal sanitario dándolo todo, una ciudadanía que aguanta valiente y no franquea la puerta…

A la postre, tras convulsa historia, sí lo debíamos ser. Nos olvidamos de ello cuando las porras se estrellaron en las espaldas de nuestros hermanos catalanes, cuando nobles políticos tomaron el camino de la cárcel, cuando no pudieron siquiera ver nacer a sus hijos… Perdimos esa fe que ahora ha «contagiado» la crisis, nos ha devuelto el virus.

No deseamos incomodar a nadie. Si recapitulamos es sólo para rectificarnos colectivamente y reorientarnos. Sí, hoy sí somos una gran nación; una nación de naciones solidaria, una variada ciudadanía unida y compenetrada tras un gobierno progresista, entregado, eficaz, volcado en el bien común. No dejemos de remar unidos, de respetarnos en las diferencias, de sentirnos solidarios y comprometidos no sólo entre nosotros/as, sino también con el conjunto de la humanidad.

Tras éste, otros grandes desafíos como el cambio del clima, el hambre, el asilo a los refugiados…, nos aguardan a la ciudadanía de aquí y del mundo entero. Vamos a perpetuarnos unidos como ese solo cuerpo que hoy, por «culpa» de ese extraño virus, encarnamos.

14 Marzo

No estamos encerrados; nos hemos dado un tiempo para vislumbrar una civilización más consciente y respetuosa. No estamos encerrados, estamos alumbrando un mundo nuevo, estamos recapitulando en qué hemos errado, cómo lo podemos hacer mejor. Hemos llegado a un punto crítico y estamos reconsiderando nuestra forma de vida en el pasado.

Los tabiques eran mera ilusión. No estamos encerrados porque estamos unidos, porque estamos más centrados, porque hemos trazado una unión interna de corazones, estamos pensando los unos en los otros, sintiendo cada quien desde su rincón la fuerza de la Comunión.

Hemos logrado parar el mundo. De repente se nos presenta a todos/as a la vez, de forma simultánea, la oportunidad de arrinconar lo accesorio y de volcar para dentro y diseñar otro futuro. La oportunidad de plantarnos ante lo sustantivo de la vida, de atender a las preguntas fundamentales, de mirar siquiera de reojo a la llamada muerte.

¿Sabremos aprovechar la oportunidad? Éste era quizás el retiro, el recogimiento, la desconexión de lo ordinario que colectivamente necesitábamos. No regalemos a Netflix este privilegio. Estamos en nuestras diferentes casas, pero a la vez conectados en un mismo latido, en un mismo anhelo, en una misma determinación de iniciar una etapa definitivamente diferente.




13 de Marzo


Siempre hay luz tras la aparente y generalizada oscuridad. Sólo hay que buscarla y aventarla. El virus nos obsequia también titulares cargados de conciencia y esperanza. Capté la frase al vuelo en la televisión, pero decía algo así como “Vamos a dejar de abrazarnos, para abrazarnos después con más fuerza…” La sentencia, rebosante de poesía y madurez, no era de ningún «gurú de nueva era», sino del primer ministro italiano, Giuseppe Conte.

Todos estamos sacando lo mejor de nosotros mismos/as ante el desafío y los políticos también, los nuestros inclusive. Hay que abandonar la «conspiranoia» de creer que hay un laboratorio escondido en el que políticos y científicos oscuros han urdido un nuevo virus para inocular miedo en la población. La «conspiranoia» vuelve a separar el mundo entre buenos y malos y nos exime de responsabilidades. Hemos de empezar a pensar más en clave colectiva: Juntos /as hemos cometido el error de violar las Leyes naturales, juntos hemos de salir de la crisis, con responsabilidad y conciencia, juntos volver a la senda de armonía con la Ley.


12 de Marzo

No hay ningún mal que no provenga de un quebrantamiento de la Ley con mayúsculas. En medio de un temor muy colectivizado que se expande en estos días a causa del coronavirus, conviene rendirnos a una Inteligencia y Voluntad superiores. Si realmente viene el azote epidémico es que, de alguna forma aún insospechada, lo hemos sembrado. En algún momento hemos violado la Ley natural y será preciso explorar dónde, cuándo y cómo lo hemos hecho.

Si importante es adoptar las medidas de prevención que emanan de las autoridades sanitarias, no lo es menos tomar conciencia de que estamos en las manos de Dios. Afirmar esto no implica una fe ciega, una religión infantil, sino una conciencia de que hay un Plan Superior a nivel personal y colectivo que nos desborda, pero que siempre estará orientado, pese a las apariencias, hacia aquello que nos beneficia evolutivamente. Las consecuencias nos llevarán tarde o temprano a rectificar.

Si a pesar de todas las barreras y obstáculos que le ponemos al tan impopular y novedoso virus, éste termina por saltárselos todos y entrar en nuestros cuerpos, en nuestras vidas, será también que algún tipo de insospechada lección nos traía. Esto no es bajar la guardia, es aceptar lo que el Plan demanda. La casualidad no existe, es sólo desconocimiento de la Ley, deberemos repetir una y otra vez.

Esto evita no sólo pánicos injustificados, temores que deterioran nuestra vida y convivencia, también por ejemplo absurdas esperas con un carro gigante en la cola del supermercado. Hemos de atender a las pautas que oficialmente nos dictan y hemos también de atender a la Ley del Amor y la Solidaridad Universal. Aquí no se “salva” quien más alimentos acumule en su despensa; aquí se “salva”, entre otros muchos/as, quien más servicio y altruismo en estos momentos de graduación y prueba colectivas, derroche hacia sus semejantes.


2 Comentarios

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