De la crisis haremos una esperanza.

Otra mirada sobre la pandemia. Cada día una reflexión sobre la oportunidad que nos presenta la crisis

De la crisis haremos una esperanza.

3 de Abril

Desde la meseta

Estamos llegando a la ansiada meseta. La luz es más clara. La hemos alcanzado no sin sacrificio y padecimiento colectivos, pero los fríos, duros y largos números ya están despertando otro sentir, acuñando otra mirada. La meseta nos invita a balance. No nos colocamos lentes de rosa, sólo subrayamos lo que va abriendo futuros.

Se afianzarán los lazos de cooperación que ya se han establecido. Cambiaremos la cesta por el carro. Las necesidades ajenas se escribirán con el mismo color en nuestras viejas libretas de bolsillo. Estamos aprendiendo a hacer colectivamente la lista de la compra. Nuestros planes, sueños y aspiraciones serán más en común a partir de ahora. El de enfrente dejará de ser un número y una letra. Tendrá rostro, nombre, historia, sobre todo condición humana. Nos acostumbraremos a las sorpresas al abrir la puerta de la escalera. Nosotros también seremos grata sorpresa, detalle y apoyo para quien desconocíamos a nuestro lado.

Conjugaremos los verbos en plural. Contaremos con el otro/a, nos organizaremos de forma diferente. La unidad y la solidaridad dejarán de ser “spots” publicitarios. Los vecinos no hablarán de la lluvia y el tiempo en los ascensores de las casas, se interesarán por las vidas y azares ajenos. Los conciertos y recitales no se encerrarán sólo en las salas privilegiadas, se instalarán también en lo público. Lo natural dejará de ser lo excepcional, la chaladura del «hierbas» de la escalera. Lo ecológico ganará muchos metros cuadrados en las grandes y pequeñas superficies. A la par nosotros ganaremos en inmunidad y fortaleza.

Desde la panorámica privilegiada que nos regala la altura de la meseta ya podemos decir que nada será como antes. Repararemos más en lo sereno, templado y auténtico. Retumbarán los “OMs” y los cantos de esperanza en las paredes de los hospitales. La muerte dejará ser nuestra más acérrima enemiga y tornará la “colega” que nos lleva de excursión por las verdes y soleadas vaguadas de la vida eterna. Nadie osará pasear luto. El sepulcro se quedará sin victoria y Omega correrá rauda de nuevo a la casilla de salida.

Desnudos de mascarillas, pisaremos las templadas arenas como quien asalta remotos paraísos. Para entonces habremos memorizado todas las tablas de ejercicios. Lo que nos hace bien habrá anclado dentro. Haremos «tai-chi» en las playas sin necesidad de «play» en ninguna pantalla. Abrazaremos con más fuerza, lloraremos con más alma, rezaremos con más presencia. Desde la meseta reparamos en que la civilización ha virado en positivo en cuestión de un mes y ya no deseamos volver al punto de partida. El virus de las mil antenas se ha llevado a abuelos entrañables que ahora se alimentan de luz y respiran sin tubos, pero nos ha regalado lecciones que felizmente se han quedado para siempre.

30 de Marzo

Puede ser a causa de éste u otro virus con menos antenas; puede ser por ésta o por otra enfermedad siempre amiga. Puede ser sencillamente porque el contrato expiró y había nostalgia de Luz… Un día todos/as nos desnudaremos de carne, dejaremos gastado y ya amortizado cuerpo. Cuando despidamos al barquero, en la otra Orilla podamos a la pregunta decir que nos hallamos entre quienes infundieron fe, templanza y seguridad, entre quienes asumimos la responsabilidad y no la arrojamos fuera. Podamos decir que la tristeza huyó sin presa, que el desespero desesperó de no abrazarnos.

Podamos decir que en medio de las crisis y convulsiones sociales, no anidó el lamento, no nos ganó el temor, no bajamos la mirada; que mantuvimos el anhelo en lo alto y lejano, siempre en la eternidad, que es otra forma de evocar la fraternidad. Podamos decir que ninguno de estos sinsabores fue en balde, que éste y otros desafíos nos acercaron un poco más a la meta última de la íntima y a la vez colectiva realización.

25 de Marzo

No sólo lo que muere, lo que deja el cuerpo, sino lo que nace a una nueva vida. No sólo lo que ya no seremos, sino lo que somos llamados a Ser. No sólo lo que marcha, sino también lo que nos alcanza, “no sólo lo que perdemos, sino también lo que ganamos”. (Dtor. Jorge Carvajal) Por cada uno que acumula, hay muchos más que reparten; por cada signo insolidario hay muchos más de manos y corazones abiertos…

Por cada armario desbordado de papel higiénico, hay muchos que tratamos de hacer limpia e higiene por dentro. Hay una fractura con el ayer que no nos duele desde el momento en que seremos menos “yo” y más “nosotros”, en que estamos ganando en fuerza colectiva para atender unidos/as a los otros grandes retos que como humanidad tenemos por delante. No sólo el credo que dejamos, sino el nuevo que abrazamos, no sólo el mundo que se aleja, sino por encima de todo la conciencia que despierta.

Tabiques de por medio, estamos aprendiendo a darnos mutuamente más que nunca y ya no deseamos salir de ese mullido y cálido espacio compartido.

24 de Marzo

Un nuevo tiempo reclama resignificar nuestro vocabulario, dotar de un nuevo y a menudo emancipador contenido a muchas palabras que han envejecido a marchas forzadas. Lo decimos con inmenso respeto por el sufrimiento concitado en estos de estos días: ¿y si en vez de fallecidos comenzamos a hablar de liberados, emancipados del peso de la carne, del lastre de lo finito…?

Los números no nos apabullen. Se nos demanda otra mirada. Hemos de empezar a ver las frías cifras de los llamados muertos con otros ojos. Están con nosotros, sólo se desnudaron de cuerpo físico, no han muerto. ¿Por qué no empezar a pensar que son almas que por fin se han podido liberar de este “confinamiento” en el mundo denso de la materia?


Son rápidos estos tiempos. Apenas interiorizamos unas verdades supremas, apenas cogemos con chinchetas unos cuadros, unas realidades eternas y ya nos toca correr al teclado. Corremos el grave riesgo de equivocarnos, de no acercar debidamente esas verdades, pero corremos un riesgo aún mayor de quedarnos en silencio.


Uno se pregunta si no habrá otros voceros de vida eterna, antes que éste que acaba de venir del mercado, de vender caros los manuales de agnosticismo.

23 de Marzo

Morir en soledad es seguramente el aspecto más duro de toda esta crisis que estamos viviendo. Por justificadas razones de seguridad, en la rampa del vuelo los hermanos enfermos no pueden intercambiar una palabra, una caricia, un apretón de manos con los seres queridos. Pero morir en soledad es también una oportunidad de reencuentro con el alma, ya olvidada, ya arrinconada, ya no decidida hasta entonces a aflorar. Todo acontecer vital, por duro que se manifieste, es susceptible de otra lectura. En ello habremos de afanarnos.

Los designios para posibilitar el encuentro con el alma son inescrutables. Una UCI cargada de fríos aparatos puede ser el marco escogido para los esponsales. Morir en soledad nos recoge, nos centra, no desnuda de todo lo accesorio y nos planta ante nosotros/as mismos/as, ante nuestra Real Presencia. Hemos venido a la Tierra a reencontrarnos con nuestra alma que es por encima de todo generosidad, servicio, altruismo… No es un «agarrarse a algo» desesperadamente, es sencillamente permitir aflorar Aquello que en verdad somos.

22 de Marzo

Se acomodarán los santos y las Vírgenes en las mesillas de frío metal. Irán llegando las flores y los osos de peluche. Por ahora una cama austera, una botella de aire, un inmenso techo industrial y una esperanza de salir de ahí caminando. Hay un crudo pulso por la vida al que es preciso adherirse. La batalla es sincera, de corazón, entregada y sólo nos queda apoyar a quienes están en primera línea.

En los tiempos de crisis es más importante si cabe el sentido de la ubicuidad y ahora toca sumar. Hubiéramos querido que se pensara no sólo en el ataque, que se diera más importancia a la necesidad de vida sana y natural para fortalecer las defensas. Hubiéramos preferido menos temor insuflado, menos pánico a una muerte que no es nuestra enemiga, sino todo lo contrario. Al fin y al cabo hasta las pulsaciones de nuestro corazón estaban contadas…, pero ahora es el momento de ayudar, de colaborar, de fortalecer la unidad y la solidaridad. Ya habrá oportunidad para invitar echar más lejos la mirada.

Lo están haciendo lo mejor que pueden, por supuesto los sanitarios y todos los trabajadores de los hospitales; por supuesto las fuerzas de seguridad; por supuesto la clase política, Pedro Sánchez a la cabeza…, y ahora es el momento de mostrar decidido apoyo. Hay un paradigma alternativo, también en la salud, que seguiremos susurrando, pero ese susurro no ha de impedir el manifestarnos aquí y ahora unidos/as a toda la ciudadanía en estos momentos tan trascendentales. Hay también una fraternidad ancha que necesitaba razón para consagrarse.

«¡Tutto andare bene!»

21 de Marzo

Han cambiado mucho los tiempos, pero más nuestra conciencia. Yo tampoco era de los de abrazo fácil para con el uniformado, tantas veces tropezamos, y ahora sin embargo lo estrecho también fuerte junto a mi pecho. El desarrollo de la conciencia se evidencia en la necesidad de ensanchar el abrazo.

Jamás en nuestra vida habíamos visto nada semejante. El coronavirus galopa, pero el virus más peligroso de la separatividad ha sido herido de muerte. El dolor está ya trayendo su debida recompensa en forma de más solidaridad y unión. La armonía y la cordialidad se expanden, la convivencia mejora, se supera.

Arranca la guerra contra la pandemia, pero finaliza esa otra guerra más larga que nos mantuvo separados. Es verdad que está muriendo mucha gente por causa del coronavirus, pero también, a causa de esta crisis, están ocurriendo milagros que antes jamás hubiéramos concebido. Hay abismos que se están deshaciendo. Hay que haber vivido en el País Vasco en las últimas décadas para constatar el milagro que, sola de por sí, representa esta imagen. No tengan que caer más agentes para volver a verla.


20 de Marzo

Una furgoneta familiar anuncia pan caliente por las calles de una aldea tranquila; una primavera silenciosa se da a conocer alrededor de nuestro caserío con bocina mucho más discreta. El pájaro no necesita claxon para compartirnos que construye feliz nueva morada. Las nubes no dejan de bailar al son de un viento ya templado. La vida no se ha detenido, sólo un breve paréntesis para permitirnos a nosotros y nosotras sumar los mejores materiales para el ancho nido planetario, construir nueva y más solidaria Tierra, encarnar olvidada esperanza y poderosa primavera. 


Los mutuos y elogiosos aplausos no se detengan. El miramiento por el otro se perpetúe. “En su día no reuní valor suficiente para marchar a África y ahora África ha venido a mí…”, nos comparte, igual de feliz que el pájaro, una valiente y entregada enfermera amiga. En realidad, África nos ha llegado a todos y, como decía el lehendakari, éste es el momento en que podemos dar lo mejor de nosotros mismos. Éste es el momento de la entrega grande y sincera que siempre habíamos aguardado y que ahora de repente, con estos pelos cargados de canas, con este apego de mullida butaca, se nos brinda…

19 de Marzo

Ahora que marcha ese amago de invierno, el mayor problema sería que el corazón unido se enfriara, que ya no hiciéramos sabroso bizcocho para toda la escalera, que dejáramos de cantar poderosas «arias» en los balcones de unas ciudades sin «Covi 19». El único error sería que el vecino volviera a ser extraño, que todo de nuevo como en el pasado, antes que ese coronavirus omnipresente irrumpiera en nuestras vidas y vocabulario.

Ojalá toda esta crisis represente un parteaguas. Se impone el «antes y después», la fractura con todo lo caduco o lo que es lo mismo lo antiguo, lo separado, lo insolidario. El gran fallo sería que el desafío del virus no revirtiera en positivo. El mayúsculo error sería no aprovechar esta preciosa crisis para dar un gran salto en nuestra conciencia colectiva. El final fatal sería que a la postre nada hubiera cambiado; que una vez el virus controlado (nos cuesta utilizar la palabra vencido para un ser vivo), las distancias no cayeran; que después de haber vivido la lúgubre separación, los más sólidos tabiques no se desplomaran; que las fronteras de todo orden no desaparecieran. El virus ha hecho que aflorara la inconsciencia de haber permanecido tanto tiempo separados, ha evidenciado cuánto nos necesitamos los unos a los otros.

El precio pagado no sea en balde. “Volveremos a juntarnos…”, “Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo…” “Ya no habrá una distancia…”, no sean sólo frases bonitas que saltan raudas de móvil en móvil. Podamos hacer todo ello realidad. Que no sean sólo canciones que casi automáticamente nos aprestamos a compartir con nuestros contactos y grupos de whasap. Podamos encarnar lo que a toda velocidad tecleamos.

Nada nos ha unido como este bichito que en realidad no era “chino”. Le hemos mirado a los ojos y no los tiene rasgados, como proclama Trump. Se ha hecho presente por doquier, porque no había otra forma de relegar esa otra pandemia mucho más peligrosa y letal de la separatividad.

¡El Amor, Origen de cuanto late, nos mantenga, más allá de esta crisis, por siempre unidos/as!

17 de Marzo

Benditos/as quienes vuelan con misión cumplida, más allá de todo tabique y terrenales cuarentenas. En medio de los papeles que regalo a la hoguera aparecen las letras de cariño joven, la mirada sepultada, la carta de tu padre que te arranca la lágrima…

Un fuego feliz, a veces entusiasmado devora ya tanto que no servía. ¿Qué hacían en mis cajones las ofertas telefónicas de hace diez años, las garantías de aparatos que se quemaron o los apuntes de bancos a los que nunca volveré…? Agradezco a este virus que se ha demostrado el único capaz de poner un poco de orden en mis papeles y en mi vida. Los anteriores esfuerzos fracasaron… Un poco de orden en nuestras vidas nos permite hallar los contados recuerdos, las fotos gastadas, los poemas aún frescos… llamados a perdurar y envejecer contigo.

Aún es el caos absoluto, pero pronto comienza la nueva y ordenada vida, con las facturas quemadas y los versos recuperados. Cuando pones un poco de orden y armonía alrededor no imaginas como podías vivir sin ellos. El virus sigue pujando fuerte por nuestro colectivo amanecer…

15 de Marzo

Nos alegramos de poder hoy rectificar. Resulta que tenían razón los que decían que éramos una gran nación. Les damos con gusto todo el crédito. Nos devuelven la fe unos responsables públicos mirando de frente, hablando desde adentro, un personal sanitario dándolo todo, una ciudadanía que aguanta valiente y no franquea la puerta…

A la postre, tras convulsa historia, sí lo debíamos ser. Nos olvidamos de ello cuando las porras se estrellaron en las espaldas de nuestros hermanos catalanes, cuando nobles políticos tomaron el camino de la cárcel, cuando no pudieron siquiera ver nacer a sus hijos… Perdimos esa fe que ahora ha «contagiado» la crisis, nos ha devuelto el virus.

No deseamos incomodar a nadie. Si recapitulamos es sólo para rectificarnos colectivamente y reorientarnos. Sí, hoy sí somos una gran nación; una nación de naciones solidaria, una variada ciudadanía unida y compenetrada tras un gobierno progresista, entregado, eficaz, volcado en el bien común. No dejemos de remar unidos, de respetarnos en las diferencias, de sentirnos solidarios y comprometidos no sólo entre nosotros/as, sino también con el conjunto de la humanidad.

Tras éste, otros grandes desafíos como el cambio del clima, el hambre, el asilo a los refugiados…, nos aguardan a la ciudadanía de aquí y del mundo entero. Vamos a perpetuarnos unidos como ese solo cuerpo que hoy, por «culpa» de ese extraño virus, encarnamos.

14 Marzo

No estamos encerrados; nos hemos dado un tiempo para vislumbrar una civilización más consciente y respetuosa. No estamos encerrados, estamos alumbrando un mundo nuevo, estamos recapitulando en qué hemos errado, cómo lo podemos hacer mejor. Hemos llegado a un punto crítico y estamos reconsiderando nuestra forma de vida en el pasado.

Los tabiques eran mera ilusión. No estamos encerrados porque estamos unidos, porque estamos más centrados, porque hemos trazado una unión interna de corazones, estamos pensando los unos en los otros, sintiendo cada quien desde su rincón la fuerza de la Comunión.

Hemos logrado parar el mundo. De repente se nos presenta a todos/as a la vez, de forma simultánea, la oportunidad de arrinconar lo accesorio y de volcar para dentro y diseñar otro futuro. La oportunidad de plantarnos ante lo sustantivo de la vida, de atender a las preguntas fundamentales, de mirar siquiera de reojo a la llamada muerte.

¿Sabremos aprovechar la oportunidad? Éste era quizás el retiro, el recogimiento, la desconexión de lo ordinario que colectivamente necesitábamos. No regalemos a Netflix este privilegio. Estamos en nuestras diferentes casas, pero a la vez conectados en un mismo latido, en un mismo anhelo, en una misma determinación de iniciar una etapa definitivamente diferente.




13 de Marzo


Siempre hay luz tras la aparente y generalizada oscuridad. Sólo hay que buscarla y aventarla. El virus nos obsequia también titulares cargados de conciencia y esperanza. Capté la frase al vuelo en la televisión, pero decía algo así como “Vamos a dejar de abrazarnos, para abrazarnos después con más fuerza…” La sentencia, rebosante de poesía y madurez, no era de ningún «gurú de nueva era», sino del primer ministro italiano, Giuseppe Conte.

Todos estamos sacando lo mejor de nosotros mismos/as ante el desafío y los políticos también, los nuestros inclusive. Hay que abandonar la «conspiranoia» de creer que hay un laboratorio escondido en el que políticos y científicos oscuros han urdido un nuevo virus para inocular miedo en la población. La «conspiranoia» vuelve a separar el mundo entre buenos y malos y nos exime de responsabilidades. Hemos de empezar a pensar más en clave colectiva: Juntos /as hemos cometido el error de violar las Leyes naturales, juntos hemos de salir de la crisis, con responsabilidad y conciencia, juntos volver a la senda de armonía con la Ley.


12 de Marzo

No hay ningún mal que no provenga de un quebrantamiento de la Ley con mayúsculas. En medio de un temor muy colectivizado que se expande en estos días a causa del coronavirus, conviene rendirnos a una Inteligencia y Voluntad superiores. Si realmente viene el azote epidémico es que, de alguna forma aún insospechada, lo hemos sembrado. En algún momento hemos violado la Ley natural y será preciso explorar dónde, cuándo y cómo lo hemos hecho.

Si importante es adoptar las medidas de prevención que emanan de las autoridades sanitarias, no lo es menos tomar conciencia de que estamos en las manos de Dios. Afirmar esto no implica una fe ciega, una religión infantil, sino una conciencia de que hay un Plan Superior a nivel personal y colectivo que nos desborda, pero que siempre estará orientado, pese a las apariencias, hacia aquello que nos beneficia evolutivamente. Las consecuencias nos llevarán tarde o temprano a rectificar.

Si a pesar de todas las barreras y obstáculos que le ponemos al tan impopular y novedoso virus, éste termina por saltárselos todos y entrar en nuestros cuerpos, en nuestras vidas, será también que algún tipo de insospechada lección nos traía. Esto no es bajar la guardia, es aceptar lo que el Plan demanda. La casualidad no existe, es sólo desconocimiento de la Ley, deberemos repetir una y otra vez.

Esto evita no sólo pánicos injustificados, temores que deterioran nuestra vida y convivencia, también por ejemplo absurdas esperas con un carro gigante en la cola del supermercado. Hemos de atender a las pautas que oficialmente nos dictan y hemos también de atender a la Ley del Amor y la Solidaridad Universal. Aquí no se “salva” quien más alimentos acumule en su despensa; aquí se “salva”, entre otros muchos/as, quien más servicio y altruismo en estos momentos de graduación y prueba colectivas, derroche hacia sus semejantes.


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