Discurso de Joaquín Phoenix

En la ceremonia de los Oscar

La nueva conciencia no conoce barreras, se infiltra por doquier. Alcanza los estrados más preciados y privilegiados, allí donde se citan los más potentes focos. Lo hace además con humildad, economía y elegancia. La parafernalia da lugar también a instantes auténticos, únicos. Lo auténtico y por lo tanto lo sagrado, tienen la facultad de abrirse espacio, sin codazo alguno, en medio de todo el artificio y postureo.


Este señor tiene toda la pinta de haber sido un tremendo golfo, tal como él mismo deja entrever en su discurso. Pero también son tremendas sus ganas de ser útil al mundo. El futuro franco y noble ganará siempre por goleada al pasado caído y oscuro. Parece que cada uno de sus sobrios gestos quisiera dar constancia de un profundo y real arrepentimiento. Esa suerte de sincera humanidad, que en un momento de su itinerario vuelca hacia la Luz, nos toca y gana.


«He sido un sinvergüenza toda mi vida… He sido egoísta, a veces he sido cruel… Estoy agradecido a quienes me habéis dado una segunda oportunidad». Valioso testimonio. En su debido tiempo y lugar, todos urgimos de la catarsis. La catarsis es la perfecta encrucijada a la que la Vida nos aboca para poder dar otra orientación a nuestros pasos. Da gusto cuando a esa catarsis es acompañada de oportunas cámaras que distribuyen después la señal por todo el mundo.


Gracias Joaquín Phoenix por tu honestidad y valentía: «Si usamos el amor y la compasión podemos implementar un sistema que beneficie a todos los seres sintientes y al medio ambiente.»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *