El dilema de Zaldibar

Reflexiones tras el desastre del vertedero vizcaíno

El dilema de Zaldibar

Por mucho que no compartamos las creencias del otro, éstas serán siempre tierra sagrada, más sagrada aún si cabe cuando estas creencias son ampliamente compartidas por el conjunto de la población. Nos libraremos de cuestionar por lo tanto la decidida voluntad del Gobierno Vasco y de la inmensa mayoría de la ciudadania vasca de encontrar los cuerpos de los dos trabajadores accidentados en el corrimiento del vertedero de Zaldibar.

El supremo respeto en un país libre no implica sin embargo abstención de manifestar opinión sobre el asunto, siempre y cuando emane de una noble voluntad y consideremos que este criterio aporta su pequeña carga de liberación y emancipación. No es fácil presentar un parecer diferente cuando median muy profundos y extendidos sentimientos, por ello todo el tacto ha de ser poco.

Desde ese tacto supremo y escrupuloso queremos hablar de la sugerencia de avanzar en el desapego de la envoltura corporal una vez que ha cumplido su cometido. ¿Cuántas veces nuestro espíritu no se ha vestido con otros cuerpos? ¿Cuantas veces no lo haremos de nuevo?

A las dos semanas del lamentable accidente, Euskadi entera vive pendiente de las excavadoras. El esfuerzo es gigantesco, el alarde de medios invertido incalculable, pero a lo sumo, tras larga búsqueda, las grandes máquinas sólo encontrarán los cuerpos, las urnas, las envolturas de los espíritus de esos infortunados trabajadores. Nada más. Somos espíritu que circunstancialmente nos revestimos de materia para evolucionar. Ojalá den con los cuerpos para que los familiares y amigos descansen en paz cuanto antes, pero ojalá podamos dar también un paso en el desapego de las vestiduras carnales cuando éstas han concluido su misión.

Hemos de entregar y a agradecer a la Madre Tierra los materiales que nos ha cedido para poder lanzarnos a la aventura evolutiva, pero también podemos aceptar que en ocasiones nos los esconda, que los entierre en su seno sin que nosotros seamos quien los recojamos, los guardemos en una caja de madera y les demos sepultura. Lo que importa es la actitud de las almas que se quedan y que agradecen y que desde aquí abajo alientan el vuelo más alto y luminoso. Goian bitez!

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