El Sendero

Lo tenemos que caminar con nuestros pies.

El Sendero

Otro peligro existe todavía para quien comienza el camino y sobre el cual quiero prevenirte. El discípulo suele pensar que es un incomprendido y que nadie le ayuda. Acerca de esto te digo que no dependas de la comprensión de los demás y que tú solo te ayudarás. El discípulo debe resolver sus propios problemas sin la ayuda de nadie. Sólo te es permitido acudir a tu Maestro interno, a Dios en ti, para que te ayude. A ti personalmente se te exige paciencia, silencio y discernimiento.

Mencionaré otra tentación muy común. Alguien puede decirte que aún no es el momento para que comiences el camino. Te dirá, quizá, que eres muy joven todavía. Pero, si eres joven o viejo, emprenderás el camino sin escuchar a nadie.

Generalmente el discípulo desea que otros sigan su mismo camino. Esta es otra tentación. Tú tienes que seguir tu camino, sin esperar que otro lo siga o no. No tienes que volver atrás para salvar a nadie, por más allegado a ti que sea. La salvación de las almas no depende de ti sino de Dios.

Ahora, seguramente aparecerá en ti la pregunta: ¿Por qué no se puede ayudar a los que uno ama? Te aclararé este pensamiento, que parece un poco paradójico, con un breve ejemplo: Tú estás en el camino y se te da una soga, la cual está enrollada en una rueda. Del movimiento de esta rueda depende la vida de miles de seres humanos. Entonces llega un amigo y te pide por favor que le ates los cordones de sus zapatos. Si tú sueltas la soga para atarle sus cordones esos miles de seres humanos perecerán. ¿Qué harás entonces? Le dirás a tu amigo que él solo debe atar sus cordones. Ése no es trabajo tuyo. Aun si tus propios zapatos tuvieran los cordones sueltos, preferirías andar descalzo antes de soltar la soga que se te ha dado.

El Camino del Alba. Peter Deunov.

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