¡Para predicar, dar ejemplo!

Los espectáculos son en realidad una herencia de los circos Romanos. El fútbol, la televisión, las prensas sensacionalistas, los teléfonos móviles, nos apartan de nuestros mejores sueños, de nuestros auténticos momentos.

¡Para predicar, dar ejemplo!

Ahora hay que volver a esa aristocracia del corazón, del alma, que es la de los Iniciados, de los grandes Maestros, de todos los seres iluminados que han dado pruebas. Hablar de justicia y de felicidad para el pueblo, no es suficiente.

Todo el mundo es capaz de hablar, pero, ¿cuántos son capaces de vivir lo que predican? Mientras los países tengan dirigentes que no estén iluminados por la luz iniciática, nada positivo resultará de sus decisiones. Algunos cambios en los campos económico, material, financiero o político nunca serán suficientes para resolver los problemas; siempre nos encontramos con la misma historia, con el mismo lodo. Ved que todavía no se ha comprendido lo que hay que cambiar.

El pueblo de Roma reclamaba el pan y los juegos circenses, y se cita este detalle tan célebre de la historia romana como si ningún otro pueblo hubiese hecho este tipo de reclamaciones. En realidad, los humanos siempre hacen el mismo tipo de reclamaciones, pero bajo otra forma. Las han modernizado, eso es todo, pero son las mismas: comer y divertirse, por eso hacen las huelgas y las revoluciones. En la hora actual, los juegos circenses son el cine, la televisión, las discotecas, los partidos de fútbol, de lucha… ¡Verdaderamente los espectáculos no faltan! Siempre se trata de la misma naturaleza que necesita divertirse y para la cual se han encontrado alimentos cada vez más numerosos. ¿Cuántas personas piden el Reino de Dios y su Justicia? ¿Cuántos piden la luz, la pureza, la verdad, la bondad? Todo da vueltas alrededor del dinero, de la comida y de los placeres.

Omraam Mikhael Aivanhov. El egregor de la Paloma.

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