¿Quién construyó mi casa?

Fábrica de ladrillos en Gabtoli, en la periferia de Dhaka, en Bangladesh

¿Quién construyó mi casa?

¿Quién construyó mi casa? ¿De dónde llegaron los ladrillos, el cemento, de dónde, cómo? Nunca antes me lo había planteado. Vivo en una casa entrañable, soleada, una casa que me acoge y me ofrece todo lo que necesito. Sin embargo, ni por un solo instante pensé en el esfuerzo que debió suponer su construcción…

Estamos en Gabtoli, en la periferia de Dhaka, en Bangladesh. Aquí, en medio de inmensas plantaciones de arroz, en el mayor delta del mundo, donde el Índico abraza al Ganges después de sus más de 2500 kilómetros de andadura, visitamos las fábricas de ladrillos.

Todas muestran la misma estructura que nos permite seguir el proceso de inicio a fin. Agua y barro se mezclan, se estructuran tomando forma, se cuecen y por último se transportan.

Aquí trabajan como titanes, mujeres y hombres que, desde diversas partes del país, especialmente de las pequeñas aldeas del norte, vienen cada año después de las lluvias, cuando la tierra en las afueras de Dhaka, atragantada y saciada de las aguas arrojadas por el monzón, les permite establecerse.

Es un trabajo estacional que se repite año tras año. Todo es efímero ajustándose a los ciclos de la naturaleza. Nada es para siempre, son ciclos que se abren y se cierran, se alternan…

A su llegada a este enclave, construyen unas chabolas con los propios ladrillos y algunas chapas y telas que servirán de techumbre. En el interior umbrío, apenas podrán caminar erguidos, pero se sentirán cobijados durante unos meses.

Varias familias han creado una comunidad que comparte penurias, pero también el gozo de la hermandad. En las pequeñas pausas, todos acuden para su aseo personal y compartir los alimentos juntos, en el suelo, en cuclillas y siempre, siempre con una sonrisa inmensa. Tan pronto me acerco, me hacen partícipe de sus vidas, me acogen con cariño y me siento una más entre ellos, pues su hospitalidad traspasa cualquier frontera.

Jornada tras jornada, trabajarán infatigablemente todas las horas de luz y hasta en penumbra, como si no hubiese un mañana, y cuando las lluvias torrenciales explosionen de nuevo rasgando el cielo, recogerán sus bártulos y emprenderán una vez más el éxodo, con la esperanza de un próximo regreso.

¿Quién construyó mi casa? ¿De dónde llegaron los ladrillos, el cemento, de dónde, cómo? Posiblemente estemos viviendo demasiado automatizados, dando todo por hecho, sin dejar tiempo para una pequeña reflexión, para ese llamado a la consciencia. La casa en la que habito no se generó de manera espontánea, la ropa que acaricia mi piel, la que me protege del frío y me refresca en las noches de estío tampoco. De la misma manera, los alimentos que consumo no llegaron solos a mi mesa. Todo, todo lo que nos rodea lleva implícito sudor, fatiga y a menudo explotación, pero también en muchos, muchísimos casos Amor. Estos pensamientos me invadieron cuando visité esta fábrica de ladrillos en Gatboli. Todavía hoy siguen aporreando mi mente, a la vez que me siento inundada por un sentimiento enorme de gratitud por todo, hacia Todos.

20 Comentarios

  1. Siglo XXI!!!! Trabajo muy importante por parte de estas personas y humanidad grandiosa por su parte. Por lo que se ve NO RECONOCIDO por nadie. Gracias Elena por abrirnos los ojos y hacernos pensar. Un abrazo.

  2. Que gozo recibir tus imágenes y comentarios, los personajes parecen estar sacados de un cuento, no les falta nada, su mundo es muy distinto al nuestro. Un fuerte abrazo.

    1. Gracias Loli, me alegra mucho que te gusten y sí tienes razón su mundo es muy distinto al nuestro, pero si lo pensamos un poquito más, quizás solo en lo superficial, en esencia no tanto. Otro abrazo grande grande para ti.

  3. Elena, como siempre, tus imágenes y tus palabras nos hacen refiexionar y valorar lo que tenemos y gozamos tan alegremente, sin preguntarnos cómo serían nuestras vidas si hubiéramos nacido en otro lugar. Muchas gracias.
    Un abrazo

  4. Gracias Elena, por abrirnos los ojos, una vez más. Las imágenes y entrañable relato, muestran condiciones de trabajo rudimentarias y aterradoras. Creo que, ahora, más que nunca, es necesario un cambio y nos tenemos que reinventar. Es el momento. Muchas gracias.

    1. También yo lo siento así Maydo y creo que somos muchos los que así pensamos, cada vez somos más, sin duda. Muchas gracias por tus palabras. Abrazo grande.

  5. Elena , que razón tienes. Vivimos tan acelerados que nos perdemos lo esencial de la vida. Hay que parar y reflexionar para poder caminar con conciencia. Valorando lo esencial. Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *